Los tratantes

El trato de ganado era otro de los oficios tradicionales de nuesto pueblo. Para ser tratantes había que tener unas características muy especiales, capacidad de persuasión, labia que diríamos ahora, apreciar la calidad del ganado sin mostrar interés, temple para no calentarse, etc.

Eran características de la personalidad difíciles de aprender y el acceso a ese mundo era habitualmente difícil. Solía ser oficio de determinadas familias que se transmitía de padres a hijos como si de una herencia se tratase. Hacia los tratantes había una especie de admiración y respeto y hasta su indumentaria era característica: blusón negro, sombrero o gorra y cayada.

En los mercados de ganado de Medina o el de los jueves en Peñaranda cerraban sus tratos. Allí acudían ganaderos con el deseo de vender. Comprador y vendedor iban informados de los precios antes de entrar al trato, normalmente el vendedor pedía una cantidad superior a la del mercado, el tratante enumeraba los defectos del animal y mandaba una cantidad menor, el vendedor se resistía, etc. A veces el tratante se retiraba ver otros tratos; el vendedor entre tanto también se informaba de lo que se mandaba o pagaba. El tratante volvía y vuelta al regateo hasta que llegaban a un precio consensuado. Algunos tratos se empecinaban y tenían que echar mano de un tercero de confianza de las partes que terciaba en el precio final.

El trato se cerraba con un apretón de manos que tenía más validez que un contrato, no había vuelta atrás, los tratantes se conocían todos y si alguno faltara a su palabra podía ir dejando el oficio.

La operación se celebraba con el alboroque o convite a todos los intervinientes en el trato que normalmente pagaba el vendedor y al que siempre se apuntaba algún gorrón, allí se comentaban las incidencias del trato y casi siempre se terminaba hablando de los chismes de la comarca.

Los tratantes se pateaban cordeles y caminos y eran una fuente de información de primera mano de lo que pasaba en el mundo. Después quedaba el trabajo de llevar los animales al matadero, cuando eran de carne o a otros mercados para la reventa. Los tratantes de Salmoral fueron muy conocidos en toda la comarca.

La mantanza