La siega

A partir San Juan (24 Junio) empezaban los preparativos para recolección. Los años que la cosecha venía adelantada había que andar ligeros, apañar los aperos guardados, aguzar las hoces y empezar el jamón de la matanza para coger fuerzas.

En nuestro pueblo la tierra estaba muy repartida, casi todo el mundo tenía un cacho tierra o un majuelo de viña, pero la mayor parte de las veces no daba para vivir y se pasaban necesidades. Algunas casas con mucha labor tenían mayoral y criados durante todo el año y cuando llegaba el verano, contrataban además, segadores, agosteros y jornaleros.

Los criados prácticamente vivían en casa del amo todo el año, allí trabajaban y hacían todas las comidas, solo acudían a su casa a dormir. Se encargaban de las labores de la explotación y eran los únicos que tenían asegurado el trabajo y el sustento familiar.

Los segadores formaban cuadrillas compuestas por cuatro o cinco segadores y un gavillero que se contrataban completas. Los miembros de cada cuadrilla eran los mismos todos los años y a veces el hijo relevaba al padre anciano. La fama de trabajadores les aseguraba el trabajo en años venideros. A veces, cuando dos cuadrillas trabajaban en tierras linderas competían por ver quien avanzaba más deprisa. Las mujeres y los muchachos mayores ayudaban como gavilleros o merenderos, la siega daba trabajo a todos.

Los criados y las cuadrillas iban a ofrecerse y no se firmaban papeles, los contratos eran hablados y se sellaban con un apretón de manos, los criados de San Pedro a San Pedro, se decía. Segaban incluso los domingos, había que acabar lo antes posible para que un nublao no lo estrozara todo. Se tapaban brazos y piernas -entonces no se llevaba lo de estar moreno- y se calzaban con las albarcas.

La tarea empezaba antes del amanecer, cuando salía el sol ya estaban segando. Hasta las tierras se iba en carro arrebujaos en una manta o en un capote pues el relente mañanero del verano es muy frío en nuestra tierra. Había veces, cuando segaban en zonas alejadas del término que se quedaban a dormir en las tierras para empezar más temprano. Con el día bien amanecido se paraban a almorzar buscando una sombra. Un trozo de tocino, pan y una pinta de vino, les reponían las fuerzas.

El merendero era el encargado de acercarles la comida. En las albardas del borrico llevaba bien colocados los pucheros para que no se vertiera el caldo. Todos comían de la mísma fuente, no había platos, el que no andaba listo comía menos. Con las últimas cucharadas algunos se quedaban asogataos dando una cabezada, otros liaban un cigarro de picadura de cuarterón. La faena continuaba hasta que empezaba a caer el sol.

La siega a mano era un trabajo muy duro, bajo el sol implacable de principios del verano, pasaban el día agachados. Separaban un manojo de cereal y lo cortaban de un golpe de hoz dejándolo sobre el surco; para proteger los dedos se ponían unos dediles de cuero en la mano izquierda. En su avance a veces saltaba alguna liebre o algún pollo de perdiz y aún tenían fuerzas para darse una carrera.

Tras los segadores el gavillero iba haciendo los haces y atándolos con lías, cuerdas trenzadas de esparto de poco más de un metro de largo; aunque cuentan los mayores que antes de las lías, los haces se ataban con atillos de paja de centeno que hacían los agricultores en sus casas. Formados los haces, los acercaban a las lindes para facilitar el acarreo. Allí se colocaban hacinados unos sobre otros con las espigas hacia adentro para que no se esgranaran.

Cuando se acababan de siega en el pueblo. las cuadrillas marchaban a segar a tierras de Ávila y Zamora donde la labor iba más atrasada. De los distintos cereales, primero se segaba la algarroba, después la cebada y por último el trigo, el candeal y el pané.

Antes de echar las ovejas a los rastrojos, se daba pregón para ir a espigar -recoger las espigas que habían quedado en las tierras- era trabajo mayoritariamente femenino ya que los hombres andaban en otras faenas. Las espigas se recogían en un fardel, venían muy bien para las gallinas y animales del corral.

Las ovejas estaban en los rastrojos hasta cerca de los Santos (1 de noviembre), mientras menudeaban granos y paja beneficiaban las tierras con sus excrementos, las tierras se donde se habían guardado ovejas el año anterior notaban el corte en las cosechas.

El acarreo y la yunta