A lavar

Hace muchos años no había lavadoras y las mujeres de Salmoral lavaban la ropa en las Cañadas. Era una dura jornada que empezaba con el transporte de la carga: sábanas, atos y demás ropa, la tabla de madera para restregar y el cajón para arrodillarse. A veces se ayudaban de una burra para el transporte, ¡Quién la tenía! Cuando había poca ropa, no hacía falta burra, lo llevaban en un cuevanillo, la cosa es que cuando llegaban a las Cañadas ya iban reventas.

Para lavar hacían pequeñas presas con piedras, en unas zonas se restregaba y enjabonaba y en otras se aclaraba, si alguna no aclaraba bien y bajaba espuma a la ropa de otra, ya estaba formada la gresca. Tras dejarse los nudillos restregando tendían la ropa en los juncos próximos al regato.

Los lavaderos eran lugares donde se señoreaban las mujeres y su buen humor. ¡Pobre del hombre que se aventuraba cerca! Los que siempre arriesgaban eran los mozos que con la escusa de dar de beber a las caballerías se llegaban a ver a las jóvenes lavanderas. Con los pelusos las asustaban y entre bromas y veras, siempre alguno salía mojado, aunque también de las Cañadas salieron muchas bodas.

A veces, también andaban cerca los colchoneros, iban a lavar los colchones de lana. Los descosían y sacaban el vellón para lavarlo en el regato, tras el secado lo vareaban con largos palos curvados en la parte superior, este proceso mullía la lana y la dejaba suelta y blanda.

El jabón de lavar se fabricaba en casa con grasas sobrantes (tocino, manteca y sebo), este jabón se usaba sólo para la ropa, nosotros para atusarnos usábamos jabón de olor del comercio.

Con el tiempo se hicieron los lavaderos de la Fuente Vieja y después los del prado, las mujeres ya no tenían que ir tan lejos a lavar, luego fueron las lavadoras automáticas pero eso ya es otro cantar.

Las campanas