El acarreo

El acarreo de los haces a la era se hacia casi de noche pues en cuanto empezaba a calentar el sol, la mies se esgranaba al dar los haces y se quedaba la mitad en las tierras. En el carro se montaban los baluartes, grandes mástiles colocados en la caja que aumentaban su capacidad de carga.

En el acarreo iban dos o tres personas, una se subía al carro para colocar y las otras en el suelo para dar. Había que cargar el máximo posible sin que en la vuelta se perdiera algún haz o que se desplazara la carga y el carro trastornara. Para aupar los haces utilizaban unas horcas de hierro de largos mangos que permitían elevarlos a lo más alto del carro. La carga se aseguraba con gruesas maromas.

En la era los haces volvían a hacinarse unos sobre otros en estructuras piramidales resguardando las espigas. Los distintos granos se colocaban en diferentes lugares de la era, en uno el trigo, en otro la cebada, los garbanzos, las algarrobas, etc.

La yunta

Antes de la llegada de los tractores con sus grandes remolques, el carro era elemento imprescindible para los trabajos del campo. Los carros de labor eran de madera con los laterales de la caja de cuarterones, donde se anclaban los aparejos que se precisaban en las distintas faenas.

El carro tenía dos enormes ruedas de radios de madera. Las cubiertas se reforzaban con aros de hierro que hacían centellear las piedras cuando pasaban por calles empedradas del pueblo. De los bajos de la caja partía un sólido mástil, en cuyo extremo se ataba el yugo, donde se uncían las caballerías. Algunos labradores decoraban los tablones del carro con dibujos policromados que encargaban al carretero.

La yunta la formaban dos animales, mulas o machos –dos mulas, dos machos o una mula y un macho- aunque a veces participaba en la yunta un burro o una burra grande. A finales de los 60 casi todas las yuntas del pueblo eran mulares aunque quedaba una o dos de bueyes.

En algunas casas en las que había poca labor sólo tenían un animal y como necesitaban ayuntar se juntaban con un vecino o familiar en igual circunstancia; cuando uno de los dos lo precisaba se llevaba el animal del otro. Era norma de cortesía devolver el animal comido.

Para acoplar el yugo al cuello de las caballerías, les ponían la collera, una pieza de cuero rellena de paja que hacía la forma para que el yugo encajara. El yugo era una pieza de madera que permitía aunar la fuerza de los dos animales cuando se enganchaban.

Los agricultores vivían en armonía con los animales que les ayudaban en su trabajo, eran compañeros a los que llamaban por su nombre y reñían cuando lo hacían mal. En fiestas los animales se engalanaban y los esquiladores les decoraban nalgas y lomo con dibujos geométricos que eran el orgullo de su amo.

Durante las calurosas labores del verano a las mulas les picaba la mosca, daban un respingo y soltando tainas salían corriendo despavoridas. Los muchachos siempre estábamos prestos para ir a buscarlas y volver caballeros en ellas.

La era