Antonio Sebastián de Toledo,
II marqués de Mancera


Antonio Sebastián de Toledo. II Marqués de Mancera.
Autor anónimo. 1664

Hijo de D. Pedro de Toledo y Leyva y de Dª María Luisa de Salazar y Enríquez, nació en 1608. Fue II marqués de Mancera, V señor de las Cinco Villas, IV señor de El Marmol, comendador de Alcántara y XXV virrey de la Nueva España.

En 1639 marchó a América con su padre el virrey del Perú. En los años de su permanencia en el virreinato, D. Antonio Sebastián refunda en nombre del virrey, la ciudad de Valdivia (Chile) y el Castillo San Pedro de Alcántara de Isla de Mancera.

Fue un marino muy distinguido, llegó a alcanzar el grado de general de galeras en el Perú y capitán general de la Armada del Mar Océano.

De regresó a España desempeñó distintos cargos diplomáticos en el imperio español. Fue embajador de la república de Venecia.

Casó con Dª Leonor de Carreto y en la política de la Monarquía, sirvió a la Casa Real como mayordomo de palacio.

 En diciembre de 1663 el rey Felipe IV le nombra virrey de la Nueva España, a pesar del voto desfavorable del Consejo de Indias que, por la mala salud del marqués, no lo consideraba adecuado para el cargo.

El virreinato de Nueva España tenía su capital en Ciudad de México y comprendía los actuales territorios del sur de los Estados Unidos, México, Centroamérica a excepción de Panamá, las Antillas y parte de las costas de Venezuela.

En octubre de 1664 llegó a Nueva España y D. Diego Osorio de Escobar y Lamas, obispo y virrey interino le entregó el mando. El momento era muy crítico, las arcas del virreinato estaban vacías por los envíos que se hacían a España y por los gastos de la constante guerra contra los ingleses y sus corsarios Davis y Morgan, que continuamente hostigaban las posesiones españolas desde Cartagena hasta la Florida.


Edificio de las Cajas Reales de Pachuca (México).
 Lugar donde los mineros pagaban los impuestos
 a la Corona.

A su llegada a ciudad de México mandó que no se hiciera gastos en su recepción y bienvenida dada la precaria situación de la Hacienda virreinal.

Nada más ocupar el cargo de virrey, el corsario inglés Davis, que obtendría el título de Lord por la monarquía británica, atacó la Florida y saqueó y arruinó la plaza de San Agustín, los ataques eran constantes, y el virrey continuó la reorganización de la Armada de Barlovento, iniciada por el virrey anterior.

El marqués de Mancera no escatimó recursos en la empresa, reorganizó la flota sustituyendo los pesados galeones españoles por barcos ligeros y bien armados que pudiesen acudir rápidamente a los puntos amenazados de la costa y en defensa de los barcos atacados, y en la posterior persecución de los piratas por las Antillas y el Caribe. Ello salvaguardaría el comercio de cabotaje y altura.

En la corte del virrey y bajo su protección entra en 1665 Inés de Asbaje (sor Juana Inés de la Cruz), poetisa y humanista autodidacta mejicana. Fascinó a los virreyes por su inteligencia y espíritu, era muy querida de la señora Virreina -a la que llamaba Laura- a la que la poetisa dedicó varios sonetos.

El virrey mandó continuar las obras del decorado interior de la catedral de ciudad de México, estos gastos casi vaciaron las Cajas Reales.


Retrato de sor Juana Inés de la Cruz por J. Sánchez


Pintura antigua de la catedral de Ciudad de México.

A principios de 1666 llegó a México la noticia de la muerte del rey Felipe IV, se hicieron solemnes honras fúnebres en la catedral inconclusa, que vieron terminado su decorado interior en 1666. En la administración del virreinato mantuvo en orden a los funcionarios, atacando la corrupción y conteniendo las sublevaciones de alcaldes y regidores. Atendió al buen gobierno de las Filipinas y suspendió las costosas obras de desagüe de la ciudad de México.

Buen gobernante, vio prorrogado su cargo en dos ocasiones, sin embargo, la Audiencia lo acusó de cosas triviales como llegar tarde a los oficios religiosos, el rey llamó la atención al virrey que enfermo y molesto solicitó su retiro. La petición le fue aceptada en julio de 1672.


El marqués de Mancera. Lit. J. Serra.
Ilustración de Historia de España de Rafael del Castillo Barcelona 1871-1880. Lám 281

En 1673 entregó el mando al nuevo virrey D. Pedro Nuño Colón de Portugal, duque de Veragua e inició el camino de regreso a España. De camino a Veracruz donde iban a embarcar para España, murió su esposa Dª Leonor de Carreto (Laura), en la villa de Tepeaca (Puebla) donde quedó sepultada.

Cuando el marqués llegó a Madrid se integró en los grupos políticos de la corte y apostó por el partido de la reina madre Dª Mariana de Austria, fue su mayordomo mayor y actuó como mensajero entre ésta y su hijo Carlos II. Casó en segundas nupcias con Dª María de Ossorio y Feijoó, mujer mucho más joven que él.

Por los vaivenes de la política en 1678 fue desterrado a instancias de Juan José de Austria.

Ese mismo año, tras ser repuesto en la Corte, obtiene de Carlos II el título de Grande de España.


Dª Mariana de Austria por Juan Carreño. 1669 (Detalle)


Carlos II por Juan Carreño de Miranda, (Detalle). 1680.

En 1689 apoyó la candidatura de Dª. Mariana de Neoburgo como segunda esposa del rey.

En 1689 el ex Virrey Mancera hace publicar en España el primer tomo de las obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz con el título de Inundación Castálida de la Única Poetisa.

En 1691 fue nombrado Consejero de Estado de heterogéneo gobierno de Medinaceli. Participó en las intrigas de los llamados partidos francés y austriaco de la Corte.

En 1694 era partidario del Archiduque Carlos como candidato a la sucesión de la candidatura austríaca para la sucesión española

Opinión del marqués de Mancera sobre la sucesión de Carlos II.

“... al primer golpe de la caxa, tomaría el Rey Xpno. pretexto para anticiparse la posesión de lo que según el tratado difiere por los largos días de V. Magd. se halla sin hacienda y los vasallos en tal pobreza universal que exprimiéndolos en una prensa no pueden dar lo que baste a la menor de tantas urgencias ... se gigura el que vota que la Divina Providencia nos ha reduçido a este estado para manifestarnos que cuando más desfalleze la limitada industria humana, está más empeñada su omnipotencia en sacarnos de la tribulaçión para que a solamente su vondad se le atribuya el veneficio... estima el que vota que no consiste tanto en la letanías, y rogatibas (aunque éste es muy santo medio) como en cumplir cada individuo con las obligaciones de la ley Divina y eclesiástica, en que se administre justicia en todas partes, y en que se castiguen y repriman con público exemplo las injusticias ...” ( De los Austrias a los Borbones. José Calvo Poyato. Biblioteca Historia 16 nº 29. 1990. Apéndice de documentos de epoca).

Durante la enfermedad del rey Carlos II y ante la falta de sucesión, las potencias extranjeras elaboraron planes de reparto de los restos del imperio español, distribuyéndose los distintos títulos de la monarquía. Al fallecimiento del rey (1700) el marqués de Mancera respaldó la sucesión acordada en el testamento en favor de Felipe de Anjou, como mejor vía para preservar la unidad de la monarquía y del reino.

La coronación de Felipe V de Anjou (primer Borbón) supuso para el marqués cargos importantes, pues su apoyo le hacía acreedor de las simpatías del nuevo monarca. En 1701 fue nombrado presidente del Consejo de Italia y en 1703 fue incluido en la Junta de Gobierno del Reino, parece que por presiones del Rey Sol (Luis XIV de Francia), abuelo de Felipe V. El marqués de Mancera tenía 95 y su decrepitud era evidente, pero su pertenencia al Gobierno testimoniaba la presencia de los Grandes de España, aún a costa de que éstos fueran un estorbo a los planes reformistas de la nueva dinastía.

Al igual que su padre, el II marqués era gran aficionado al consumo de chocolate, saltándose toda etiqueta, lo tomaba echando sopas de pan y atribuía su longevidad (vivió 107 años) a la apreciada bebida.

D. Antonio Sebastián de Toledo Molina y Salazar falleció en la Corte en 1715 sin descendencia a pesar de sus dos matrimonios. Los títulos y bienes recayeron en su hermana de padre, Dª. María Francisca de Toledo y Novoa, III marquesa de Mancera y primera marquesa de Montalvo en 1630, mujer de Diego Sarmiento, II conde de Gondomar y Caballero de Santiago.


Localidad de Salmoral (México). Amablemente enviada por
 Miguel Ángel Cristiani de Xalapa Veracruz Mexico.

En el estado de Veracruz (México) existe hoy un Salmoral, localidad agrícola de 2035 habitantes que se dedican principalmente al cultivo de caña de azucar. Posiblemente fue fundada por el Virrey o alguno de sus acompañantes, en recuerdo de una de las pequeñas villas que había dejado perdidas en España.


Mapa de la zona de Veracruz (México), donde figura Salmoral. Tomado de Internet

Las idas y venidas del marqués de Mancera en política durante la Guerra de Sucesión le valieron como hemos visto cargos importantes, Salmoral y la comarca, no fueron ajenos y seguramente tuvieron que contribuir con levas (reclutamientos) y pechos (contribuciones) en una guerra que duró 12 años, se desarrolló en la provincia y la dejó extenuada.

En la muerte de la Excelentísima
Señora  Marquesa de Mancera.
(Sor Juana Inés de la Cruz)


De la beldad de Laura enamorados
los Cielos, la robaron a su altura,
porque no era decente a su luz pura
ilustrar estos valles desdichados;
o porque los mortales, engañados
de su cuerpo en la hermosa arquitectura,
admirados de ver tanta hermosura
no se juzgasen bienaventurados.
Nació donde el Oriente el rojo velo
corre al nacer al Astro rubicundo,
y murió donde, con ardiente anhelo,
da sepulcro a su luz el mar profundo:
que fue preciso a su divino vuelo
que diese como el Sol la vuelta al mundo.

Bello compuesto en Laura dividido,
alma inmortal, espíritu glorioso,
¿por qué dejaste cuerpo tan hermoso
y para qué tal alma has despedido?
Pero ya ha penetrado mi sentido
que sufres el divorcio riguroso,
porque el día final puedas gozoso
volver a ser eternamente unido.
Alza tú, alma dichosa, el presto vuelo
y, de tu hermosa cárcel desatada,
dejando vuelto su arrebol en hielo,
sube a ser de luceros coronada:
que bien es necesario todo el Cielo
para que no eches menos tu morada.
 
Mueran contigo, Laura, pues moriste,
los afectos que en vano te desean,
los ojos a quien privas de que vean
hermosa luz que un tiempo concediste.
Muera mi lira infausta en que influíste
ecos, que lamentables te vocean,
y hasta estos rasgos mal formados sean
lágrimas negras de mi pluma triste.
Muévase a compasión la misma Muerte
que, precisa, no pudo perdonarte;
y lamente el Amor su amarga suerte,
pues si antes, ambicioso de gozarte,
deseó tener ojos para verte,
ya le sirvieran sólo de llorarte.


Sor Juana Inés de la Cruz por
Juan de Miranda


Firma de sor Juana


Portada de la obra Inundación
Castálida de sor Juana Inés
 de la Cruz

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