¿QUIÉN ES EL MAESTRO?

¿Qué quién es el maestro?

¿Y a mí me lo preguntas?

El maestro es muchas cosas.

 

Verás: el maestro es la mano amiga que te presta apoyo en los primeros pasos.

Es la piedra angular y el punto de apoyo donde se cimenta la sociedad del saber.

Es el artesano que, con el fermento del cariño y la pedagogía del amor, cultiva la semilla humana que más tarde brillará en las catedrales de la ciencia.

Es el artista que no capitula al cansancio ni al desaliento, porque cada día le espera un público expectante y crítico al que se entrega con ánimo renovado.

Es el pintor que se dibuja en cada alumno para llegar a lo más íntimo, y dando lo mejor de sí mismo, le invade la satisfacción del que se entrega sin mengua y no espera nada a cambio.

Es el genio que, con el embrión de la palabra como única herramienta, moldea con precisión el mensaje que apuntala el futuro, dejando en el niño una impronta de fuerte calado.

Es el árbitro que con maestría desenmaraña tópicos allí donde los haya, tratando de configurar la cadena que le ha sido encomendada, sin distingo, ambages, ni menoscabo de ningún eslabón, pues sabe, que cualquier niño, por sencillo y transparente como lámina de cristal en estructura corpórea, es un potencial de incalculables valores diversos y equidistantes.

Es el líder que cuando los esfuerzos mancomunados de una pandilla vulneran la armonía y la convivencia, él, con táctica diplomática, deshace nudos y acerca posiciones, convirtiendo de este modo lo que era enfrentamiento en amistad, o como poco en tolerancia.

Es el impenitente, que no se perdonaría que una animación a la pereza o al desaliente, menguara por su causa el desarrollo de un potencial hoy en ciernes. Por eso no escatima esfuerzos, en la confianza de que su palabra no caerá en vacío.

Es el orfebre que, si el desinterés de los alumnos marchita el deseo de aprender, él, enmudeciendo al cansancio y negándose a sucumbir al yugo de la rutina, de entre el bosque de las palabras, esculpe a cincel el párrafo estrella para llegar a todo y a todos.

Esto no pasa de ser un apunte, porque el maestro es muchas cosas más.

Si por todo esto, y porque el hombre como natural movedizo que es, con la genuflexión de los años, revive en el paladar de su memoria, la frase que un día enraizó y fructificó en su ánimo el abrigo del tiempo, hay que sembrar confiando que la bonanza de las estaciones de la vida, convertirán en sazonado fruto la semilla de la palabra.

Como material dúctil que fuimos en su día, sea nuestro más sincero agradecimiento para aquellos artífices del saber, que con manos expertas moldearon nuestro barro, y basculando en el tiempo, nos han convertido en alfareros de almas gemelas. Vaya por ellos nuestro reconocimiento y para cuantos se dedican a la noble tarea de enseñar.

Teniendo en cuenta que el medio en el que nos desenvolvemos no es herencia de legiones pasadas, sino legado a generaciones futuras, es deber de todos esparcir con ahínco, para que tiempos turbulentos no mengüen la configuración de un mundo mejor.

Rufina Hernández García